La vitivinicultura argentina enfrenta un doble problema: el consumo mundial de vino se achica y las exportaciones pierden competitividad. Lo plantea Jorge Day, de la sección Regional del IERAL de la Fundación Mediterránea, que comparó la situación local con las de Chile y Australia. Según el economista, desde 2023 el dólar subió menos que los costos internos, lo que encareció la producción medida en moneda estadounidense.
Day advierte que, si esa relación se mantiene, el ajuste podría caer sobre el precio de la uva y derivar en abandono de viñedos. Una mala cosecha posterior podría disparar los precios y complicar a las bodegas. Chile y Australia atravesaron monedas apreciadas por el auge minero: el primero se apoyó en acuerdos comerciales y redes de distribución, y el segundo en reducir costos, diferenciar productos y ajustar su capacidad.
Entre las limitaciones locales, el economista menciona la distancia a los puertos, que pesa en el flete de los vinos baratos y a granel, y una economía poco abierta, con menos acuerdos comerciales, trabas e impuestos a la exportación y aranceles más altos en algunos destinos. Propone que los gobiernos reduzcan costos en infraestructura, trámites y tributos. A las bodegas les sugiere bajar el costo por litro, sumar valor agregado y ampliar canales como la venta directa y el enoturismo. Remarca que las pymes tienen más dificultades por su falta de escala y financiamiento.
Con información de El Tribuno. Nota original: «Qué puede aprender el vino argentino de sus competidores». Imagen: El Tribuno.


