El caso de Ángel, el nene de 4 años que murió en Comodoro Rivadavia, dio un giro tras la autopsia. Mientras la causa sigue abierta, un estudio de la Facultad de Psicología de la UBA aporta claves para entender estos hechos.
¿Qué lleva a una madre a matar a su propio hijo? La pregunta vuelve a aparecer con fuerza tras el caso que sacude a Comodoro Rivadavia. Durante años, la psiquiatría forense intentó explicar estos hechos con categorías cerradas: brotes psicóticos, actos de «compasión» o venganzas. Sin embargo, nuevas investigaciones advierten que esas etiquetas no alcanzan.
Un trabajo de la Facultad de Psicología de la UBA, titulado «Estructura y Economía del Filicidio», plantea que es necesario ir más allá. El estudio propone analizar la estructura psíquica y la llamada «economía libidinal«, es decir, los procesos internos profundos que intervienen antes del crimen y que no siempre se ven a simple vista.
El caso que conmociona a Comodoro
La muerte de Ángel, un nene de 4 años, ocurrió el domingo 5 de abril. En un primer momento, el hecho fue presentado como un paro cardiorrespiratorio.
Según contó la madre, el chico estaba durmiendo cuando notaron que no respiraba. Pero el rumbo de la investigación cambió pocos días después.
Entre el 7 y el 9 de abril, los primeros resultados de la autopsia detectaron lesiones internas, sobre todo en la cabeza. Ese dato encendió las alarmas porque, en principio, no es compatible con una muerte natural.
Por ahora, no hay detenidos. La causa sigue abierta y los investigadores esperan peritajes complementarios para establecer qué ocurrió realmente.
Las categorías que intentan explicar estos crímenes
Durante décadas, distintos especialistas buscaron ordenar este tipo de casos en categorías que permitan entender qué hay detrás de estos hechos extremos. Una de las clasificaciones más influyentes fue la del psiquiatra Resnik, que a fines de los años 60 propuso dividir los filicidios según la motivación.
En ese esquema aparecen situaciones donde la madre atraviesa ideas suicidas y decide matar al hijo como parte de ese proceso, otras en las que el crimen ocurre bajo delirios o alucinaciones en medio de un brote psicótico, y también casos marcados por el rechazo absoluto hacia el niño.
También se incluyen hechos donde la muerte no era el objetivo inicial pero termina ocurriendo como consecuencia de golpes o maltratos reiterados. En otros casos, el asesinato del hijo aparece como una forma de venganza hacia la pareja.

Con el paso del tiempo, otros investigadores retomaron estas ideas y las ajustaron, incorporando factores como el contexto social, los antecedentes de violencia o la presencia de enfermedades mentales. Sin embargo, aunque estas categorías ayudan a ordenar los casos, cada vez más especialistas coinciden en que no alcanzan para explicar en profundidad por qué se llega a ese punto.
Lo que no se ve: la mirada que propone la UBA
El estudio de la UBA advierte que muchas de estas clasificaciones son descriptivas, pero no logran meterse en la raíz del problema.
Por eso propone un cambio de enfoque: en lugar de quedarse solo con la motivación visible, analizar la estructura subjetiva de cada caso. Es decir, entender qué pasa en la mente antes del hecho, cómo se construye ese quiebre y por qué se produce el pasaje al acto.
Según la investigación, ahí está una de las claves que todavía falta desarrollar en profundidad.


