Una imagen cambió todo. Cuando era chica, Christina Koch vio por primera vez la famosa foto “Earthrise”, tomada durante la misión Apolo 8 en 1968. La Tierra asomando desde la órbita lunar no solo impactó al mundo: también marcó el destino de una niña que, años después, terminaría viajando hacia ese mismo escenario.
Décadas más tarde, ese sueño se volvió realidad. El 1 de abril de 2026, Koch se convirtió en la primera mujer en viajar a la Luna, como parte de la misión Artemis II de la NASA, que marca el regreso de una tripulación humana a la órbita lunar tras más de 50 años.
La misión Artemis II no busca alunizar, pero sí abrir el camino para futuras exploraciones. La tripulación —integrada por Koch, Reid Wiseman, Victor Glover y Jeremy Hansen— viajará a unos 400.000 kilómetros de la Tierra, más lejos que cualquier ser humano en la historia.
Para Koch, el significado es personal y colectivo. “Es un privilegio y una responsabilidad enorme”, aseguró, al tiempo que destacó el camino recorrido por quienes hicieron posible este nuevo capítulo de la exploración espacial.
Antes de llegar a Artemis II, Koch ya había hecho historia. En 2019 protagonizó la primera caminata espacial exclusivamente femenina junto a Jessica Meir, y ese mismo año rompió el récord del vuelo espacial más largo realizado por una mujer, al permanecer 328 días en la Estación Espacial Internacional.
Durante esa misión completó más de 5.000 órbitas alrededor de la Tierra y recorrió el equivalente a 291 viajes de ida y vuelta a la Luna, además de participar en múltiples investigaciones científicas.
Ingeniera eléctrica y física, su rol en Artemis II será el de especialista de misión, encargada de tareas técnicas, operación de sistemas y experimentos a bordo.
Nacida en Michigan y criada en Carolina del Norte, Koch creció rodeada de naturaleza y desafíos. Según contó, siempre se sintió atraída por aquello que la hacía “sentirse pequeña frente al universo”.
Esa curiosidad la llevó a trabajar en entornos extremos como la Antártida, antes de ser seleccionada por la NASA en 2013 en una de las promociones con mayor presencia femenina.
Más allá del hito histórico, Artemis II tiene un objetivo mayor: sentar las bases para futuras misiones que lleven nuevamente humanos a la superficie lunar e incluso a Marte.
Durante el vuelo, la tripulación tendrá la posibilidad de observar la Luna de cerca durante varias horas, aportando datos clave para la ciencia.
“Los ojos humanos siguen siendo una de las mejores herramientas que tenemos”, explicó Koch.
La pregunta de fondo, sin embargo, es aún más grande: entender nuestro lugar en el universo.
Y en ese camino, la imagen que inspiró a una niña décadas atrás vuelve a cobrar sentido, esta vez desde el otro lado de la historia.
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Fuente original: El Tribuno


