Entre las leyendas de la Salta antigua figura la de un duende que merodeaba por la plaza 9 de Julio. Nadie supo nunca dónde vivía. Se lo ubicó en las palmeras, en el Cabildo o en la antigua iglesia de los Jesuitas, pero ninguna de esas versiones pudo comprobarse.
Según el relato, tenía especial ojeriza con los cocheros. A los que entraban a un bodegón les robaba los coches y los dejaba lejos del centro, o les cambiaba los caballos de lugar. Con los leñateros que bajaban del portezuelo con sus burros, la táctica era distinta: les mandaba enjambres de tábanos que desbandaban a los animales y dejaban la leña desparramada por las calles.
La tradición cuenta además que, a fines del siglo XIX, en la víspera de una fiesta patria, encendió uno de los cañones que la Guardia Nacional preparaba frente al Cabildo. El estruendo despertó a los salteños en plena noche, y algunos gritaron «¡Son los Varela!».
También se divertía con las campanas, cuyos toques servían para dar noticias. Hacía sonar el aviso de una agonía y después el de duelo, lo que confundía a los vecinos.
Con información de El Tribuno. Nota original: «Las travesuras y fechorías del duende de la plaza 9 de Julio». Imagen: El Tribuno.


