Según un artículo publicado por El Tribuno, muchas paredes y veredas de la ciudad de Salta tienen fósiles y marcas sedimentarias que casi nadie advierte. Algunos pisos de edificios céntricos, como bancos y hoteles, llevan calizas con amonites y belemnites, antiguos cefalópodos marinos. Esas rocas llegan de Cuyo o la Patagonia, porque en el norte argentino no hay de ese tipo.
Las rocas locales también tienen lo suyo. Las lajas verdes de la Formación Puncoviscana, extraídas de los alrededores de la ciudad, conservan huellas de gusanos y otros animales de cuerpo blando, y contienen el límite entre el Precámbrico y el Cámbrico. Fueron estudiadas por el paleontólogo alemán Alfred Seilacher y por Gilberto y Guillermo Aceñolaza. Esas lajas se ven además en Cachi, Campo Quijano, San Antonio de los Cobres y Tolar Grande.
Desde la sierra de Mojotoro y el cerro San Bernardo salieron areniscas del Ordovícico, de unos 470 millones de años, con marcas de trilobites llamadas cruzianas. Aparecen en el monumento a Güemes y en casas antiguas. El Hogar Escuela se levantó con lajas de la cantera La Pedrera. El texto advierte que muchas de esas piedras, con dibujos de manganeso que no son fósiles, están vandalizadas con aerosoles.
Con información de El Tribuno. Nota original: «Paleontología urbana en la ciudad de Salta». Imagen: El Tribuno.


