La historia detrás del Mundial de México 1986 tiene un capítulo poco conocido que explica, en parte, el nivel superlativo que alcanzó Diego Armando Maradona en ese torneo. A pocos meses del inicio de la Copa del Mundo, el capitán argentino decidió llevar su preparación a otro nivel y ponerse en manos de un especialista de élite.
Ese profesional era Antonio Dal Monte, uno de los pioneros en la evaluación funcional de deportistas. Desde su centro en , el médico diseñó un plan integral que combinaba biomecánica, fisiología y entrenamiento específico para potenciar las condiciones naturales del Diez.
La decisión no fue casual. Según reconstrucciones posteriores, el propio Maradona buscaba una ventaja diferencial para competir en un Mundial que se jugaría en condiciones extremas: altura, altas temperaturas y exigencias físicas máximas.
Los estudios realizados por Dal Monte arrojaron resultados sorprendentes. Entre ellos, detectó que Maradona tenía un campo visual superior al promedio, lo que le permitía anticipar jugadas y tomar decisiones en fracciones de segundo. Esa capacidad quedó inmortalizada en acciones como el histórico gol a Inglaterra.
El «don» oculto de Maradona que nadie veía: un médico descubrió sus superpoderes antes del 86.
Además, el especialista identificó que su tiempo de respuesta neuromuscular era comparable al de los mejores velocistas del mundo. En términos simples: lo que el cerebro de Maradona ordenaba, su cuerpo lo ejecutaba con una velocidad fuera de lo común.
El entrenamiento también incluyó trabajos específicos sobre el consumo de oxígeno, la recuperación física y técnicas de respiración adaptadas a la altura de México. Todo esto permitió que el capitán argentino llegara al torneo en una condición física excepcional.
«Llegué fuerte, volaba», recordaría años después el propio Maradona, quien entendía que esa preparación había sido determinante para marcar diferencias frente a sus rivales.
El resultado fue contundente. En el Copa Mundial de Fútbol de 1986, Maradona no solo lideró a la al título, sino que firmó una de las actuaciones individuales más impactantes en la historia del fútbol.
La sociedad con Dal Monte continuó en los años siguientes, consolidando una relación que trascendió lo deportivo. Más allá de los títulos, ese trabajo científico dejó una huella: demostrar que el talento, cuando se potencia con conocimiento, puede alcanzar niveles extraordinarios.
Fuente original: Que Pasa Salta


