Esa es la principal conclusión del último informe de Oxford Economics. Anticipa un escenario prolongado de menor crecimiento global, inflación elevada y disrupciones energéticas que podrían extenderse durante meses.
El conflicto no solo generó un shock coyuntural, sino que dejó secuelas estructurales en el sistema energético internacional, especialmente en la logística del petróleo y el gas.
El impacto económico de la no se disipará con un alto el fuego. Esa es la principal conclusión del último informe de Oxford Economics, que anticipa un escenario prolongado de menor crecimiento global, inflación elevada y disrupciones energéticas que podrían extenderse durante meses, incluso si se consolida la tregua entre Estados Unidos e Irán.
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El diagnóstico de la consultora se alinea con una preocupación creciente en los mercados: el conflicto no solo generó un shock coyuntural, sino que dejó secuelas estructurales en el sistema energético internacional, especialmente en la logística del petróleo y el gas.
De acuerdo con el reporte, la economía mundial crecerá apenas un 2,4% en 2026, lo que implica un recorte de 0,4 puntos porcentuales respecto de las estimaciones previas. Para 2027 y 2028, Oxford Economics prevé una recuperación moderada, con expansiones cercanas al 3%, aunque condicionadas por la evolución del escenario geopolítico.
Se prevé un escenario prolongado de menor crecimiento global, inflación elevada y disrupciones energéticas.
El deterioro responde a una combinación de factores que van desde la incertidumbre global hasta el encarecimiento de la energía, pasando por la presión sobre los ingresos reales de los hogares y las dificultades en las cadenas logísticas.
En ese marco, Ben May, director de investigación macroeconómica global de la firma, explicó que las revisiones a la baja “son generalizadas”, con un impacto particularmente fuerte en Asia, donde la dependencia de importaciones energéticas expone más a las economías al shock de precios.
Uno de los puntos centrales del análisis es el rol del Estrecho de Ormuz, una vía clave por donde circula una parte significativa del comercio mundial de petróleo y gas.
Oxford Economics estima que el estrecho permanecerá prácticamente cerrado hasta finales de abril, que recién comenzará a operar a mitad de capacidad durante mayo y junio, y que la normalización total del tráfico podría demorar al menos seis meses adicionales. Esto implica que, aun con un alto el fuego vigente, la logística global seguirá tensionada.
El informe de Oxford Economics también advierte que el shock energético impulsará la inflación global hasta un pico del 4,4% en el segundo trimestre del año.
“El frágil alto el fuego reduce el riesgo de un escenario más grave, pero llevará tiempo que la producción energética y el tráfico marítimo regresen a niveles normales”, advirtió May, dejando en claro que el problema no es solo político, sino también operativo.
En este contexto, la consultora proyecta que el precio del crudo se mantendrá en niveles altos durante los próximos meses. El barril de Brent podría promediar los u$s113 en el segundo trimestre de 2026, antes de iniciar un descenso gradual hacia niveles inferiores a los u$s80 hacia fin de año.
Este comportamiento refleja que el mercado sigue incorporando una prima de riesgo geopolítico significativa, aun cuando se reduzca la intensidad del conflicto. Además, el impacto no se limita al petróleo: el gas natural, el GNL y otros insumos clave para la economía global también permanecen bajo presión.
La consecuencia directa es un traslado a precios que afecta tanto a consumidores como a empresas, especialmente en sectores intensivos en energía.
El informe de Oxford Economics también advierte que el shock energético impulsará la inflación global hasta un pico del 4,4% en el segundo trimestre del año. Si bien este nivel está por debajo del máximo registrado en 2022, representa igualmente una presión relevante para las economías.
En este escenario, los bancos centrales enfrentan una disyuntiva compleja. Subir tasas de interés para contener la inflación podría profundizar la desaceleración económica, mientras que mantenerlas bajas podría consolidar las presiones inflacionarias.
La consultora proyecta que el precio del crudo se mantendrá en niveles altos durante los próximos meses.
La consultora prevé que la Reserva Federal de Estados Unidos optará por una estrategia intermedia, con recortes moderados de tasas en junio y septiembre, priorizando la actividad económica sin desatender completamente la inflación.
En América Latina, el impacto será más indirecto pero igualmente significativo. Oxford Economics estima que Brasil crecerá un 1,5% en 2026, mientras que México lo hará un 1,2%, reflejando un contexto internacional menos favorable.
Para la región, el encarecimiento de la energía y la volatilidad de los mercados representan un desafío adicional, especialmente en países con alta dependencia de importaciones energéticas.
Aunque el informe no se enfoca específicamente en la Argentina, sus conclusiones tienen implicancias claras para la economía local. Por un lado, un petróleo más caro presiona sobre los precios internos de los combustibles, en un contexto donde YPF busca administrar las subas para evitar un impacto directo en la inflación.
Por otro lado, el país enfrenta un desafío en materia de abastecimiento energético durante el invierno, cuando depende de importaciones de GNL. Si los precios internacionales se mantienen elevados, el costo en dólares aumentará, con impacto fiscal y en la balanza comercial.
Sin embargo, también emerge una oportunidad. El desarrollo de Vaca Muerta podría verse favorecido en un contexto de precios internacionales más altos, mejorando la viabilidad de proyectos de exportación de gas y petróleo.
El mensaje de fondo del informe es que el mundo ingresó en una nueva fase de mayor fragilidad energética. La guerra en Medio Oriente no solo interrumpió flujos de suministro, sino que también puso en evidencia la vulnerabilidad del sistema frente a eventos geopolíticos.
Incluso si el alto el fuego se mantiene, la recuperación será lenta. La logística marítima, la producción energética y la confianza en los mercados tardarán en recomponerse, lo que mantendrá la volatilidad en precios y el riesgo en niveles elevados.
En definitiva, más que un episodio transitorio, el conflicto parece haber inaugurado un período de energía más cara, más incierta y más condicionada por la geopolítica, con efectos que podrían extenderse mucho más allá de cualquier tregua.
Fuente original: Ambito Financiero


