Salta concretó por primera vez el implante de un marcapasos sin cables, una tecnología de última generación que no requiere cirugía y se coloca directamente dentro del corazón mediante un procedimiento mínimamente invasivo. «Tiene el tamaño de la colilla de un cigarrillo y eso va dentro del corazón», explicó el cardiólogo electrofisiólogo Sebastián Schanz.
El procedimiento se realizó en el Hospital San Bernardo, en el Servicio de Hemodinamia, y posiciona a la institución como un centro de referencia en la aplicación de alta tecnología para patologías cardiovasculares complejas. La intervención fue posible, entre otros factores, por la disponibilidad de un angiógrafo de última generación, que permite obtener imágenes en tiempo real y realizar prácticas de alta precisión.
Se trató de un trabajo conjunto entre equipos del sector público y privado, en un paciente afiliado al PAMI. «Esto fue un trabajo conjunto de la parte pública, privada, para un paciente de PAMI, en la cual pudimos hacer un procedimiento por primera vez», destacó el especialista.
Schanz describió la tecnología en términos accesibles: «Es un marcapasos muy pequeño, muy muy pequeño, se implanta como si fuera un chip, que se agarra por unas patitas, unas anclas al corazón, analiza los latidos del corazón y se ajusta para estimularlo cuando es necesario».
El dispositivo utilizado -conocido como Micra- representa un cambio de paradigma en la estimulación cardíaca. Es aproximadamente un 93% más pequeño que un marcapasos tradicional y no requiere cables ni la creación de un bolsillo quirúrgico en el pecho.
Puede durar hasta 17 años y, según el especialista, implica un salto tecnológico significativo. «Tiene la característica de no necesitar una cirugía, a diferencia de un marcapasos convencional. Es una tecnología mucho más avanzada», señaló.
Sin embargo, aclaró que no está indicado para todos los pacientes. «Es mucho más costosa, pero está indicada en pacientes específicos, que tienen cierta complejidad y que no pueden recibir un marcapasos convencional».
Una de las principales innovaciones del procedimiento es su carácter mínimamente invasivo. «Hacemos una punción, entramos en una vena que se llama femoral, que viene de la pierna», explicó. A través de ese acceso, los médicos introducen un catéter que llega hasta el corazón. «Se coloca el chip. Es decir, es algo que manejamos a distancia», detalló.
El posoperatorio también es más simple. «No hay puntos, simplemente con presión, un cierre a nivel del pinchazo y el paciente se va caminando por sus propios medios con ninguna cicatriz», indicó.
Desde el punto de vista clínico, este tipo de tecnología reduce complicaciones habituales de los dispositivos tradicionales, como infecciones, hematomas o fallas en los conductores, y permite una recuperación más rápida.
El especialista señaló que el riesgo del procedimiento es bajo, aunque requiere alta precisión. «Lo que lleva más tiempo es encontrar el lugar ideal», explicó.
En este caso, realizaron varios intentos hasta asegurar la correcta fijación del dispositivo. «Hicimos cuatro intentos en distintos lugares, hasta encontrar un lugar donde se ancla adecuadamente en el corazón», detalló.
El principal riesgo está vinculado a la fijación. «Que el dispositivo se suelte y se desplace», advirtió, aunque aclaró que eso se controla durante la intervención con pruebas físicas y eléctricas.
El equipo que llevó adelante la intervención estuvo integrado por especialistas en cardiología y arritmias, entre ellos Sebastián Schanz, Federico Robles, Federico San Millán y Horacio Jáuregui.
Schanz subrayó el valor del trabajo articulado para concretar este tipo de prácticas. «Cuando es una tecnología que no se hace habitualmente en el hospital aunamos personas que trabajan en el hospital con alguien externo para solucionar un caso puntual», explicó.
En ese sentido, destacó el rol del hospital público: «Cuenta con equipamiento muy bueno que nos permite llevar a cabo esas prácticas».
Desde el equipo médico remarcaron además el impacto del avance: «Poder ofrecer a los pacientes una tecnología que elimina cables y cicatrices es un logro compartido que pone de manifiesto la excelencia de nuestros profesionales».
Para el especialista, este tipo de intervenciones marcan el rumbo de la medicina cardiovascular. «La tendencia es a esto, cada vez procedimientos menos invasivos, que no requieran cirugía», afirmó.
Y trazó un paralelo con otras innovaciones: «Esto sería el equivalente a un stent, pero en el caso de marcapasos». Aunque hoy su acceso es limitado por el costo, el avance abre la puerta a futuras aplicaciones más extendidas. «Seguramente con el tiempo será más fácil acceder a este tipo de intervenciones», proyectó.
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Fuente original: El Tribuno


